Declaraciones de apertura del Secretario de Estado Antony J. Blinken ante la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes#SDQPeriodicodominicano

Departamento de Estado de los Estados Unidos
Oficina del Portavoz
13 de septiembre de 2021
Declaraciones

2172 Rayburn House Office Building
Washington D.C.

SECRETARIO BLINKEN: Sr. Presidente, muchísimas gracias. Y Sr. Presidente, miembro designado McCaul, gracias por estar hoy. Valoro esta oportunidad de analizar nuestra política sobre Afganistán, lo que incluye considerar dónde estamos, cómo (inaudible) y hacia dónde nos dirigimos en las próximas semanas y meses.

Durante 20 años, el Congreso ha llevado a cabo una tarea de supervisión y ha proporcionado fondos para la misión en Afganistán. Mi experiencia como integrante del equipo del entonces senador Biden me permitió aprender cuán valioso es tener al Congreso como socio. Como lo señalé cuando fui nombrado, creo firmemente en la función tradicional del Congreso como socio en la formulación de la política exterior. Tengo el compromiso de trabajar con ustedes en el camino futuro con respecto a Afganistán y para impulsar los intereses del pueblo estadounidense.

En este 20º aniversario del 11 de septiembre, oportunidad en la que rendimos homenaje a los casi 3 mil hombres, mujeres y niños que perdieron la vida, recordamos por qué fuimos a Afganistán en primer lugar: para hacer justicia contra quienes nos atacaron y cerciorarnos de que eso no volviera a ocurrir. Logramos esos objetivos hace ya tiempo. Se terminó con la vida de Osama bin Laden en 2011, hace una década. Las capacidades de Al-Qaeda se vieron seriamente disminuidas, incluida su posibilidad de planificar y ejecutar operaciones externas. Luego de 20 años, 2.641 vidas estadounidenses perdidas, 20.000 heridos y USD 2 billones gastados, había llegado el momento de poner fin a la guerra más larga en la que haya participado Estados Unidos.

Cuando el presidente Biden asumió en enero, heredó un acuerdo que había celebrado su antecesor con los talibanes orientado a sacar a todas las fuerzas estadounidenses que quedaban en Afganistán para el 1 de mayo de este año. Como parte de este acuerdo, el gobierno anterior presionó al gobierno afgano para que liberara a 5.000 prisioneros talibanes, incluidos algunos altos comandantes de guerra. A su vez, redujo nuestra propia presencia a 2.500 soldados.

A cambio, los talibanes se comprometieron a dejar de atacar a EE. UU. y a las fuerzas socias y a abstenerse de amenazar las principales ciudades de Afganistán. Sin embargo, los talibanes siguieron adelante con su marcha incesante sobre puestos de avanzada remotos, retenes, aldeas y distritos, así como los principales caminos que lo conectan.

Para enero de 2021, los talibanes tenían la posición militar más sólida que habían conseguido desde el 11 de septiembre, y nosotros contábamos con el menor número de soldados en el terreno desde 2001.

Como resultado, al asumir, el Presidente Biden se encontró de inmediato ante la disyuntiva de poner fin a la guerra o intensificarla. Si no hubiera dado cumplimiento al compromiso que asumió su antecesor, los ataques contra nuestras fuerzas y las de nuestros aliados se habrían reanudado y se habría iniciado una embestida de los talibanes en todo el país contra las principales ciudades afganas. Eso habría implicado enviar a un número considerablemente mayor de fuerzas estadounidenses a Afganistán para defendernos y evitar una toma de los talibanes, asumir que hubiera víctimas y, en el mejor de los casos, la posibilidad de restablecer una situación de estancamiento y seguir en Afganistán por tiempo indefinido, bajo fuego.

No hay pruebas de que seguir allí habría logrado que las fuerzas de seguridad afganas o el gobierno afgano consiguieran más resiliencia o pudieran autoabastecerse. Si 20 años y cientos de miles de millones de dólares en apoyo, equipos y entrenamiento no alcanzaron, ¿por qué sí bastaría con otro año, cinco años o incluso diez?

A su vez, no hay nada que a nuestros competidores estratégicos como China y Rusia —o adversarios como Irán y Corea del Norte— les habría convenido más que el hecho de que Estados Unidos renovara una guerra de 20 años y siguiera atascado en Afganistán durante otra década.

Antes de la decisión del Presidente, estuve en contacto continuo con nuestros aliados y socios para conocer sus perspectivas y ponerlos al tanto de nuestro criterio. Cuando el Presidente anunció la retirada, la OTAN apoyó la medida de inmediato y en forma unánime. Todos nos (inaudible) –juntos– con respecto a la retirada.

A su vez, estuvimos absolutamente concentrados en la seguridad de los estadounidenses en Afganistán. En marzo, empezamos a instarlos a irse del país. En total, entre marzo y agosto, enviamos 19 mensajes específicos con ese aviso, y con ofrecimientos de ayuda, incluso de tipo financiera, para costear los pasajes de avión.

Pese a este esfuerzo, cuando empezó la evacuación, todavía había miles de ciudadanos estadounidenses en Afganistán, y casi todos fueron evacuados por nosotros el 31 de agosto. Muchos tenían doble ciudadanía y vivían en Afganistán desde hacía años, décadas o incluso generaciones. Tomar la decisión de irse o no del lugar que conocen como hogar fue un tremendo dilema.

En abril, empezamos a retirarnos de nuestra embajada y a dar instrucciones de que el personal no esencial se fuera.

También usamos este tiempo para agilizar sustancialmente el procesamiento de las Visas de Inmigrantes Especiales para ciudadanos afganos que habían trabajado para nosotros y junto a nosotros en estos últimos 20 años. Cuando asumimos, heredamos un programa con un proceso de 14 pasos basado en un marco normativo aprobado por el Congreso en el que tenían participación múltiples organismos gubernamentales, y una demora de más de 17.000 solicitantes de visas de inmigrantes especiales (SIV). No había habido ni una única entrevista en el marco del programa SIV en Kabul durante nueve meses, remontándonos a marzo de 2020. El programa estaba estancado.

A dos semanas de asumir reiniciamos el proceso de entrevistas para SIV en Kabul. El 4 de febrero, uno de las primeras ordenes ejecutivas que dictó el Presidente Biden nos dio instrucciones de que revisáramos de inmediato el programa SIV para determinar las causas de esta demora indebida y encontrar formas de agilizar la tramitación de las solicitudes de SIV.

Esta primavera, orienté más recursos significativos al programa, y se amplió de 10 a 50 el equipo de personas en Washington encargadas de tramitar las solicitudes y se duplicó el número de personas a cargo de resolver las SIV en nuestra embajada en Kabul. Incluso mientras muchos miembros del personal de la embajada regresaban a Estados Unidos cumpliendo con la orden de salida, enviamos a más funcionarios consulares a Kabul a tramitar las solicitudes de SIV.

Como resultado de estos y otros pasos, que incluyeron el trabajo con el Congreso, para mayo habíamos reducido el tiempo medio de tramitación de las Visas de Inmigración Especial en más de un año. Incluso en el contexto de un brote de COVID en la Embajada en Kabul en junio, seguimos emitiendo visas. Y pasamos de emitir cerca de 100 Visas de Inmigración Especial por semana en marzo a más de 1.000 por semana en agosto, cuando se iniciaron nuestros esfuerzos de evacuación y reubicación.

La evacuación de emergencia se vio propiciada por el colapso de las fuerzas de seguridad y del gobierno de Afganistán. Durante el año, estuvimos evaluando en forma constante su capacidad de permanencia y considerando distintos supuestos. Incluso las evaluaciones más pesimistas no anticipaban que las fuerzas gubernamentales en Kabul colapsarían mientras todavía estaban presentes las fuerzas estadounidenses. Como lo ha señalado el general Milley, Jefe del Estado Mayor Conjunto, “Nada de lo que yo ni otros vieron sugería un colapso de este ejército y este gobierno en 11 días”.

Sin embargo, planificamos y nos preparamos para una variedad de contingencias. Y como resultado de esa planificación, pudimos llevar a cabo la retirada de nuestra embajada y trasladar al personal que quedaba allí al aeropuerto en un lapso de 48 horas. Y las fuerzas militares, a quienes el Presidente Biden instruyó que permanecieran allí en espera, pudieron asegurar el aeropuerto e iniciar la evacuación en 72 horas.

La evacuación por sí sola representó un esfuerzo extraordinario, en las condiciones más difíciles que puedan imaginarse, por parte de nuestros diplomáticos, nuestros militares y nuestros profesionales de inteligencia. Trabajaron incesantemente para que los ciudadanos estadounidenses, los ciudadanos afganos que nos ayudaron, los ciudadanos de nuestros países aliados y socios y los afganos en riesgo pudieran subir a aviones e irse en dirección a Estados Unidos o a lugares de tránsito que nuestros diplomáticos habían gestionado y negociado en múltiples países. Nuestro equipo consular trabajó las 24 horas del día para contactarse con los estadounidenses que posiblemente todavía estuvieran en el país, y en esas semanas hicieron 55.000 llamadas telefónicas y enviaron 33.000 mensajes de correo electrónico, y todavía siguen abocados a esa tarea. En medio de este esfuerzo heroico, un atentado perpetrado por ISIS-K causó la muerte de 13 militares que estaban trabajando en las puertas del aeropuerto HKIA, e hirió a otros 20, además de matar y herir a numerosos afganos. Estos militares estadounidenses dieron sus vidas para que otras vidas pudieran seguir adelante.

Al final, completamos uno de los puentes aéreos más grandes de la historia, y se evacuó a más de 124.000 personas a contextos seguros.

El 31 de agosto en Kabul, la misión militar en Afganistán terminó oficialmente, y empezó una nueva misión diplomática.

Quisiera reconocer a los más de veinte países que han ayudado con los esfuerzos de reubicación; algunos funcionaron como centros de tránsito, y otros recibieron a evacuados afganos por períodos más extensos.

Y también deseo brindar mi reconocimiento a los extraordinarios esfuerzos del Congreso. Para dar apenas algunos ejemplos: el congresista Fitzpatrick trabajó con el Departamento de Estado para reunificar a una familia afgana en Nueva Jersey. El congresista Keating trabajó con nuestra gente en el terreno para ayudar a un periodista de Voice of America y a su familia a llegar al aeropuerto. La congresista Jacobs y el congresista Issa, pese a las diferencias partidarias, trabajaron para que se atendieran los casos de residentes legales permanentes y ciudadanos afganos que se encuentran en riesgo. Tengan la certeza de que sus mensajes de correo electrónico y sus llamadas marcaron una diferencia muy concreta para poder sacar a las personas del país, y continuamos utilizando las listas y la información que ustedes están proporcionando para la próxima etapa de la misión.

Ahora, me gustaría describir brevemente la labor realizada por el Departamento de Estado en las próximas, en las últimas dos semanas, y qué nos proponemos hacer en los días y las semanas que tenemos por delante.

En primer lugar, trasladamos nuestras operaciones diplomáticas de Kabul a Doha, donde nuestro nuevo equipo de asuntos afganos está trabajando con enorme esfuerzo. Muchos de nuestros principales socios se han sumado a nuestro trabajo allí.

En segundo lugar, seguimos llevando adelante nuestros esfuerzos incesantes para ayudar a los estadounidenses que aún están en Afganistán, como así también a personas afganas y ciudadanos de países aliados y socios, a abandonar Afganistán si así lo desean.

El jueves pasado, un vuelo chárter de Qatar Airways con ciudadanos estadounidenses y otras personas a bordo salió de Kabul y aterrizó en Doha. El viernes, un segundo vuelo que transportaba a ciudadanos estadounidenses y otros partió desde Afganistán. Estos vuelos fueron el resultado de un esfuerzo coordinado de Estados Unidos, Qatar y Turquía para reabrir el aeropuerto, y de los denodados esfuerzos diplomáticos para que se pusieran en marcha estos vuelos.

Además de estos vuelos, media decena de ciudadanos estadounidenses y aproximadamente una decena de residentes permanentes de Estados Unidos también han salido de Afganistán por una ruta terrestre, con nuestra ayuda.

Estamos en contacto constante con ciudadanos estadounidenses que aún están en Afganistán, quienes nos han manifestado su deseo de abandonar el país. A cada uno de ellos se le ha asignado un equipo de gestión de casos que ofrecerá orientación e indicaciones específicas. Algunos se negaron a abordar los primeros vuelos del jueves y el viernes, por motivos que incluían la necesidad de contar con más tiempo para hacer gestiones personales, el deseo de permanecer con la familia extendida por el momento, o razones médicas que no les permitían realizar el viaje la semana pasada.

Continuaremos brindándoles asistencia y seguiremos ayudando a cualquier estadounidense que todavía tenga la intención de irse del país, y a los afganos con quienes hemos asumido un compromiso especial —tal como lo hemos hecho en otros países en los cuales evacuamos nuestra embajada cuando aún quedaban cientos o incluso miles de estadounidenses viviendo allí—; por ejemplo, en Libia, en Siria, en Venezuela, en Yemen, en Somalia. Esta misión no tiene fecha de vencimiento.

En tercer lugar, nos enfocamos en la lucha contra el terrorismo.

Los talibanes han asumido el compromiso de impedir que grupos terroristas usen Afganistán como base para operaciones externas que podrían amenazar a Estados Unidos o a nuestros aliados, incluidos Al Qaeda e ISIS-K. Haremos que rindan cuentas por ello. Eso no significa que confiaremos en ellos. Seguiremos estando atentos en el monitoreo de amenazas, mantendremos robustas capacidades de lucha contra el terrorismo en la región a fin de neutralizar esas amenazas si resulta necesario, tal como lo hacemos en lugares de todo el mundo en los cuales no contamos con fuerzas militares en el terreno.

En cuarto lugar, continuamos nuestra labor diplomática intensiva con aliados y socios.

Iniciamos una declaración a la cual posteriormente se sumaron más de la mitad de los países del mundo —más de cien países—, como así también una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que estableció las expectativas de la comunidad internacional respecto de un gobierno dirigido por los talibanes. Esperamos que los talibanes aseguren la libertad de circulación; que cumplan sus compromisos de lucha contra el terrorismo; que reconozcan los derechos básicos de las personas de Afganistán, incluidas las mujeres, las niñas y las minorías; que designen un gobierno permanente con representación amplia; y que se abstengan de tomar represalias. La legitimidad y el apoyo que los talibanes buscan recibir por parte de la comunidad internacional dependerán de su conducta.

Hemos organizado grupos de contacto de los principales países para asegurar que la comunidad internacional siga hablando de Afganistán con una única voz, y para aprovechar nuestra influencia combinada.

La semana pasada encabecé una reunión ministerial en la que se dieron cita 22 países, la OTAN, la Unión Europea y las Naciones Unidas para seguir orientando nuestros esfuerzos en la misma dirección.

Y en quinto lugar, seguimos proporcionando ayuda humanitaria al pueblo afgano. Teniendo presentes las sanciones, esta ayuda no se instrumentará a través del gobierno, sino por medio de organizaciones independientes como ONG y agencias de la ONU.

Justamente hoy, anunciamos que Estados Unidos proporcionará casi USD 64 millones en nueva asistencia humanitaria al pueblo de Afganistán, para satisfacer necesidades críticas de salud y nutrición; abordar la preocupante situación en materia de protección de mujeres, niños, niñas y minorías; y para ayudar a más menores —incluidas niñas— a regresar a la escuela. Estos fondos adicionales significan que Estados Unidos ya ha aportado casi USD 330 millones en asistencia para el pueblo afgano en este año fiscal.

En Doha y Ramstein, recorrí los predios en los cuales los afganos que nosotros evacuamos están siendo procesados antes de su traslado hacia el siguiente destino. Aquí, en nuestro país, pasé algún tiempo en Dulles Expo Center, donde se tramitó a más de 45.000 personas afganas después de su llegada a los Estados Unidos. Es muy notable ver lo que nuestros diplomáticos, nuestros militares y empleados de otras agencias civiles de todo el Gobierno de EE. UU. han logrado en un período muy acotado.

Han cubierto una enorme necesidad humana. Coordinaron la provisión de alimentos, agua y saneamiento para miles, decenas de miles personas. Están coordinando la atención médica, incluidos partos. Están reuniendo a familias separadas, y están cuidando a los menores no acompañados. Este es un esfuerzo interinstitucional, de una calidad extraordinaria, y una muestra contundente de las habilidades, la compasión y la dedicación de nuestra gente.

Todos deberíamos estar orgullosos del trabajo que están realizando. Y tal como lo hemos hecho a lo largo de toda nuestra historia, los estadounidenses ahora dan la bienvenida a familias afganas en nuestras comunidades y las ayudan a volver a asentarse mientras inician una nueva vida. Eso también es un motivo de orgullo.

Muchas gracias por su atención. Y con eso, Sr. presidente, miembro designado McCaul, quedo a su disposición para responder preguntas. Gracias.

Para ver el texto original, ir a: https://www.state.gov/opening-remarks-by-secretary-antony-j-blinken-before-the-house-committee-on-foreign-affairs/

Esta traducción se proporciona como una cortesía y únicamente debe considerarse fidedigna la fuente original en inglés.