Cuando la verdad duele

Si a un conejo le dicen orejón, aunque no le guste tiene que aguantarlo, porque lo es. Sobre todo si exhibe con orgullo sus grandes orejas.

Decirle corrupto a un funcionario público que muestra una fortuna injustificada no es un delito, todo lo contrario, es un deber ciudadano. La Constitución dominicana, en el numeral 12 de su artículo 75, establece que es un deber fundamental “velar por el fortalecimiento y la calidad de la democracia, el respeto del patrimonio público y el ejercicio transparente de la función pública”.

Ante el secuestro institucional implantado por los gobiernos del PLD, el repudio social es de los pocos instrumentos con que cuenta la población, para hacer frente al robo descarado de nuestros recursos.

Esos perversos y degenerados delincuentes de “cuello blanco”, no les basta con robarse el dinero de la salud pública, la seguridad ciudadana, la educación, etc. Además tienen la fantasía, el fetiche, de estrujarnos en la cara los lujos que se dan con el dinero que nos roban.

Son unos infelices, llenos de complejos y frustraciones, que necesitan llenar sus vacíos existenciales pisoteando la dignidad de los demás. Pero ya ese jueguito se les va a acabar.

A quien no le guste que le digan “ladrón”, que no robe. Pero los corruptos que se han robado nuestro futuro, que se preparen a escuchar sus verdades, a sentir el rechazo y la indignación de este pueblo… y que se vayan preparando también a recibir las condenas de sus ilegales acciones. Pues como dijo un fulano al que le cayó una manzana en la cabeza: “todo lo que sube, tiene que bajar”.