El nuevo embajador de Estados Unidos#SDQPeriodicodominicano

Por Bernardo Vega

Leer, escribir y conversar constituye la agenda en época de pandemia. Pero algo nuevo que el coronavirus está ofreciendo es poder hablar a distancia, pero cara a cara, a través del “Zoom”.

Cuando yo estaba ya agotado por el amigo que trataba el tema de la caja de Pandora, las noticias del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), y sus cientos de horas de búsqueda que resultaron en ubicar trescientos políticos en treinta países que gozan de los beneficios de paraísos fiscales, incluyendo el nuestro, le cité la decisión de los ministros de Hacienda de los países industrializados de auspiciar una ley que lograría eliminar esos paraísos obligando a toda empresa a pagar impuestos mínimos.

De pasarse esa ley ella implicaría, además, un réquiem para ese tipo de investigación periodística. Quien más auspicia la misma es la muy experimentada ministra de Hacienda de Estados Unidos, Janet Yellen.

La mención de una funcionaria norteamericana hizo que mi insistente amigo trajera a colación el tema del nuevo embajador de ese país en Santo Domingo, Calvin Smyre, un afroamericano de 73 años de edad, del Estado de Georgia, demócrata por supuesto, quien ahora fue premiado con una embajada por haber dedicado toda su vida a la política en Georgia donde es miembro de la Cámara de Diputados de ese Estado, desde donde auspició la construcción de una estatua a su compueblano Martin Luther King, así como la eliminación de la imagen de la bandera confederada del sur dentro de la bandera de su Estado.

Con ese currículo es fácil predecir que le interesará mucho el tema dominico-haitiano, más en medio de la gran crisis en Puerto Príncipe. Pienso hacerle llegar el estudio del National Geographic, de la universidad de Pensilvania y de nuestra Academia de la Historia sobre las muestras de DNA de mil dominicanos (revista Clío, No. 193) donde se muestra que somos un país de mulatos, pues poseemos en promedio un 49% de DNA africano, un 39% de DNA europeo y apenas un 4% de DNA taíno.

Entonces mi incansable amigo me preguntó sobre por qué Washington nos envía solo embajadores políticos, en vez de embajadores de carrera. Le expliqué que este es un país tranquilo, de bellas playas y muchos campos de golf y que el ser embajador aquí constituye un premio político, pues se analiza la situación dominicana desde uno de nuestros lujosos resorts a través del fondo de una copa de Martini. Y es que hace 22 años que no tenemos un embajador de carrera. El último fue Donna Hrinak.

Desde entonces hemos recibido a un expresidente del Partido Demócrata, Charles Manatt, a Hans Hertell, republicano, abogado puertorriqueño, a Robert Fannon, político republicano de Arizona, a Raul Yzaguirre, fundador del grupo La Raza, que defiende a los hispanos, a James “Willy” Brewster, Jr., empresario demócrata gay, amigo de Obama y a Robin Bernstein, muy amiga de Donald Trump y probablemente la más simpática de todos estos embajadores, pero tal vez la más controversial, pues declaró por televisión que prefería bailar bachata en vez de merengue.