El suicidio no es una solución a tus problemas

 

Por Senabri Silvestre

En medio de situaciones difíciles como las que acontecen en el mundo, donde muchas personas sufren problemas emocionales por factores económicos, de salud o cualquier otra cosa que acarrea incerdumbre, hay muchos que pueden ver el suicidio como una salida a su situación. Sin embargo, lejos de solucionar los problemas, esta mala decisión es el inicio del calvario para el alma, los familiares y amigos de quienes se quitan la vida, ya que son los que cargan con el dolor y la culpa de no haberlo podido evitar.

El suicidio, que es el acto por medio del cual una persona se quita la vida de forma intencional, es el desenlace al que llega una persona que puede padecer trastornos mentales, como: la depresión, bipolaridad, trastorno límite de la personalidad, o por abuso del uso del alcohol y drogas.

Hay signos de alarma que pueden identificar cuándo un individuo está pensando cometer un acto como este, entre los cuales se menciona el cambio de conducta (pasa de pasivo a activo o viceversa), aislamiento o sentimiento de rechazo o no aceptación de parte de los demás. También está el cambio en la alimentación y el sueño, según explica la psicóloga clínica Cades Silvestre, por lo que si alguien se identifica o conoce a alguien que está dentro de este cuadro, debe prestarle atención y llevarlo a psicoterapia, sin perder tiempo.

Pero, ¿por qué llegar al suicidio si Dios tiene excelentes planes para ti?
Dios está deseoso de poder echarlos a andar tan pronto como le des la oportunidad de entrar a tu vida.

Jesucristo, el hijo de Dios, promete dejar tu pasado atrás y hacer de ti una nueva persona (2 Corintios 5:17). Además, te puede hacer descansar, trayendo solución a todos los problemas que te agobian, con solo depositar en Él tu confianza (Mateo 11:30).
Él no discrimina ni rechaza a los que le buscan. Si lo dejas entrar a tu vida, Él se encarga de sacarte del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso donde te encuentras y enderezar tus pasos (Salmos 40:1-2).

A veces la solución está más cerca de lo que uno espera. Hechos 16 cuenta que un carcelero estuvo a punto de matarse porque entendía que los presos, entre ellos Pablo y Silas, se habían fugado tras un terremoto. Sin embargo, ellos estaban ahí, el problema es que él no los veía. Pero Dios, en su misericordia, impidió a tiempo que lo hiciera. Lo llenó de amor y salvación. ¡Así mismo quiere hacer contigo!