En torno al silencio #SDQPeriodicodominicano

Por José Mármol

El artículo anterior trató sobre ciertos aspectos de la enriquecedora lectura del libro de Pablo d´Ors titulado “Biografía del silencio” (Siruela, Madrid, 2019).

Este ensayo no se detiene en las técnicas de la acción meditativa ni es un instructivo para ella, sino más bien, el relato testimonial de una experiencia profunda e intensa acerca de la meditación silente, desde una perspectiva cristiana, y su beneficio para emprender una aventura de transformación radical de nuestro estilo de vida, hasta obtener reconciliarnos con lo que en verdad somos como seres humanos.

El autor aborda la meditación silenciosa, a través de 49 reflexiones breves, como un estadio de madurez alcanzable mediante la superación de distracciones y trabas cotidianas como la inconciencia, la insolidaridad, el deseo vanidoso, el egoísmo, la insensibilidad, la avaricia, el consumismo, la pereza, la soberbia, el hiperracionalismo, el dominio sobre el otro, la obcecación ilusionista, la codicia y el ruido de lo efímero, esa cortina de humo engañosa que nos bloquea la posibilidad de recuperar la fecundidad del silencio y de su poder revelador.

Meditar es sumergirse silencioso en el silencio mismo, con extrema atención en lo que se está haciendo, por elemental que parezca el acto: si es dormir, dormir; si es comer, comer; si es pensar, pensar; si es amar, amar.

Así es como se logra la atención que conducirá al asombro, a la percepción como una senda hacia nosotros mismos, al misterio de la unidad bondadosa entre el sujeto y el mundo como “llamada de la identidad” (p.97), a la propia meditación como un arte sin por qué, un arte sin más, que solo procura apartar los pensamientos y las abstracciones para sumergirnos en lo real y darnos “un baño de ser” (p.37), un renacer a nuestra propia y más fértil existencia.

“Medito para que mi vida sea meditación; vivo para que mi meditación sea vida. No aspiro a contemplar, sino a ser contemplativo, que es tanto como ser sin anhelar” (p.41).
Lo alentador de esta lectura para mí fue descubrir un camino que condujese a encontrar sosiego en medio del miedo, la angustia, la ansiedad, la incertidumbre, el descontento.

En un pasaje de su escrito el autor nos dice: “En la meditación escucho que no debo privarme de nada, puesto que todo es bueno. La vida es un viaje espléndido, y para vivirla solo hay una cosa que debe evitarse: el miedo” (p.88). Hay que evitarlo, más que como sensación instintiva, como constructor social.

El arte de meditar contribuye a la erradicación del miedo de nuestra mente y de nuestro cuerpo.

Nos ayuda a aceptar el miedo como algo que padecemos en realidad, al tiempo que nos encamina a encararlo, fijándole los cotos precisos para que no llegue a lo que quisiera siempre ser: pánico.

“La meditación -concluye d´Ors- agrieta la estructura de nuestra personalidad hasta que, de tanto meditar, la grieta se ensancha y la vieja personalidad se rompe y, como una flor, comienza a nacer una nueva. Meditar es asistir a este fascinante y tremendo proceso de muerte y renacimiento.” (p.89).

Los individuos y la sociedad de esta parte del siglo XXI hemos sufrido el embate de la pandemia del Covid-19. Estamos compelidos a reinventarnos, a renacer, y consecuentemente, a superar los yerros y señales equívocas del pasado reciente, tanto en términos humanos, como económicos, científicos, éticos, sociopolíticos y medioambientales. El miedo puede llegar a ser más fuerte que la muerte.

Sin embargo, no llega a doblegar el poder revelador de la meditación como una auténtica capacidad para la entrega. El objetivo y el resultado obsesivos son banales.

En tener menos es donde somos más. Soy silencio.