Ven Medina no quiere mirarse “cara a cara” con bases del PLD

Ven Medina no quiere mirarse “cara a cara” con bases del PLD

SANTO DOMINGO, RD.- “El organismo competente en cada partido, agrupación o movimiento político de conformidad con la presente ley para decidir el tipo de registro de electores o el padrón a utilizar en el proceso de elección de candidatos o candidatas son los siguientes: Comité Central, Comisión Ejecutiva, Comisión Política, Comisión Nacional o el equivalente a uno de éstos, de igual manera tiene facultad para decidir la modalidad y el método a utilizar” (Párrafo III del artículo 46 del proyecto de Ley de Partidos aprobado ayer por la Cámara de Diputados).

Si hay una conclusión que se desprende del afán de reservar a las cúpulas partidarias el derecho a decidir el método de elección de los candidatos para los comicios del año 2020 es el temor del presidente Danilo Medina de verse “cara a cara” con las bases del partido al que ingresó en 1973.

 Por sus orígenes sociales, Danilo Medina es una expresión de los cuadros medios del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), pues sus inicios en esa organización se remontan al comité intermedio Máximo Cabral, en las inmediaciones de Villa Francisca y el Parque Enriquillo, militancia que compartía con su membresía en el Frente Universitario Socialista Democrático (FUS) en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

Luego ese núcleo de jóvenes universitarios se transformó en el Frente Estudiantil de Liberación (FEL), donde pasó a organizarse con dirigentes como Leonel Fernández y Felucho Jiménez.

Atrás quedaron los días “felices e indocumentados” del tímido imberbe de primaria y secundaria de Arroyo Cano, distrito cafetalero de Bohechío, en San Juan de la Maguana. La estructura de la organización formada por Juan Bosch le abriría el camino para una carrera política que se fraguó a la sombra de los compañeros de la base de su partido.

En 1996, cuando el PLD llegó al gobierno de la mano de Joaquín Balaguer, Danilo Medina y Leonel Fernández sellaron un “pacto de caballeros”, mediante el cual el primero se ocuparía de atender las “urgencias” de los poco más de diez mil miembros del partido, mientras el segundo emplearía sus energías en reformar el vetusto Estado que recibía del octogenario líder del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC).

Desde la secretaria de la Presidencia, Medina se convirtió en el “paño de lágrimas” de los peledeístas y disponía de poder en la Administración Pública para cumplir los compromisos del partido.

Esa posición le permitió granjearse una popularidad generalizada entre los militantes del nuevo partido gobernante y solazado en el sopor de su despacho palaciego sofocaba los “incendios” partidarios protagonizados por miembros y dirigentes peledeístas de los más recónditos rincones del país.

El nuevo príncipe

Tal fue la estrella del hoy mandatario que en las elecciones del año 2000 se convirtió en el favorecido por el “dedazo peledeísta” para suceder a Leonel Fernández como candidato presidencial frente a Hipólito Mejía.

Qué explica, entonces, que un dirigente político con una amplia base de sustentación en los estamentos más bajos del peledeísmo propicie una Ley de Partidos cuyo único fin es secuestrar el derecho de elegir de los miembros de las formaciones políticas y entregar “en bandeja de plata” la democracia interna a las cúpulas partidarias.
Dick Morris, estratega político que acompañó por dos décadas a Bill Clinton y que fue pionero en el país en las asesorías a candidatos presidenciales, analiza en su libro El Nuevo Príncipe el fenómeno que describe como el cambio de personalidad del liderazgo una vez llega al poder.

Morris sostiene que es un error muy extendido entre los condiscípulos de los presidentes pensar que un dirigente seguirá siendo el mismo una vez llega al gobierno. Desde el mismo período de la transición, opera un cambio de personalidad que está relacionados con los hábitos del poder.

UN APUNTE:

La tradición

Quizás por esa razón, muchos peledeístas no han comprendido la transformación del “activista” que conocieron en el pasado, por un presidente Medina rodeado por un pequeño anillo palaciego extra-partidario y por asesores extranjeros que se ufanan de no atender la historia del PLD, pues su único objetivo es la retención de un poder personalista.

Cúpulas partidistas
Bajo esa sombrilla, el presidente Medina propicia una Ley de Partidos Políticos que es una manifestación palmaria de la voluntad de las cúpulas gobernantes en desmedro de las bases que pierden en lo adelante su derecho estatutario a decidir la modalidad de elecciones internas y el método a utilizar.

Ello porque actualmente los estatutos actuales del PLD atribuyen al congreso del partido el derecho a decidir el método de elección de los candidatos.
Si Medina hubiera mantenido ese modelo en la Ley de Partidos Políticos serían las bases peledeístas las que tendrían en sus manos el control del método de elección y del candidato l a escoger para las elecciones del 2020

Pero, con el modelo aprobado ayer por la Cámara de Diputados, se implanta en el PLD, y en los demás partidos, una “ley de hierro de las oligarquías” que procura evitar que en la eventualidad de una tercera repostulación, el presidente Medina se vea “cara a cara” con unas bases peledeístas profundamente disgustadas con su gobierno y su estilo de ejercer el poder.

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