El 5G tiene un nuevo enemigo: el miedo al daño a la salud de los consumidores

En la pequeña ciudad alpina de Wohlen la tecnología de telefonía móvil enfrenta una intensa oposición. El municipio suizo no permitirá que Sunrise Communications u otras compañías telefónicas instalen antenas para la red 5G, esgrimiendo preocupaciones sobre los riesgos para la salud de la radiación electromagnética que emiten. El grupo activista Frequencia, que pide límites al despliegue de la tecnología de transmisión 5G, en parte por los temores sobre los riesgos de cáncer, convocó a cientos de personas a una protesta masiva frente al parlamento en Berna en septiembre pasado.
La reticencia en Wohlen y otras partes de Suiza, incluida Ginebra, es un obstáculo para los planes de Sunrise de proporcionar los servicios de última generación. “Todo esto ha retrasado mi despliegue (de infraestructura) frente a mi propio plan de empresa”, dice Olaf Swantee, quien renunció como director ejecutivo el 3 de enero a raíz de un acuerdo fallido para comprar una compañía de cable. El exejecutivo añade que Sunrise solo pudo construir la mitad del número de puntos 5G que pretendía tener para fines de 2019.

Con la tecnología inalámbrica 5G, o de quinta generación, las velocidades de datos son hasta cien veces más rápidas que con la 4G, el estándar actual.

Eso significa descargas más rápidas, lo que aumenta el potencial de automóviles y fábricas automatizadas y ayuda a cumplir la promesa del “Internet de las cosas”. Para los proveedores de telefonía, la 5G ofrece la oportunidad de acrecentar los ingresos al permitir una gama de nuevos servicios comerciales; en tanto que los gobiernos lo ven como un camino hacia oportunidades de negocios.

Pero para cosechar esos beneficios, los operadores deben agregar equipos 5G a las antenas celulares existentes para que puedan emitir señales más potentes. En los estándares más antiguos, las torres transmiten señales inalámbricas a lo largo y ancho, llegando a todos y cada uno de los dispositivos en su alcance a baja intensidad. Las torres habilitadas para 5G utilizan un proceso de más alta energía conocido como formación de haces para transmitir solo a dispositivos que pueden leer las señales.

Ese aumento en la intensidad energética ha detonado preocupaciones en materia de salud. Matthias von Herrmann, portavoz del grupo ambiental Diagnose: Funk, que ha sido crítico del despliegue de la red 5G, afirma que la radiación adicional aumenta el riesgo de cáncer, infertilidad y otros padecimientos graves.

El hombre comenta que su grupo recibe alrededor de dos o tres solicitudes a la semana de personas en toda Alemania que buscan asesoría sobre cómo plantar oposición a la 5G. La industria de la telefonía móvil enfrenta “un nivel de protesta que claramente no había esperado”, dice von Herrmann. “No se trata de negarle a la gente el uso de teléfonos móviles. Pero no podemos exponer a las personas a la radiación sin efectuar las verificaciones necesarias”.

Las protestas se han hecho sentir desde Berlín hasta Bristol, Inglaterra, a pesar del escaso respaldo científico de los principales organismos de salud gubernamentales. Un estudio del Programa Nacional de Toxicología de Estados Unidos mostró que las ratas expuestas a niveles muy altos de radiación electromagnética desarrollaron tumores. Sin embargo, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) del país indica que las deficiencias en esa investigación, incluida la incapacidad de establecer una relación clara entre las dosis de radiación y los cánceres, significan que no debería incluirse en las pautas de salud pública. La Comisión Internacional de Protección contra la Radiación No Ionizante, que trabaja con la Organización Mundial de la Salud en investigación y políticas, coincide con la FDA. “No hay razón para preocuparse” sobre el potencial de la 5G para aumentar el riesgo de cáncer u otras afecciones, dice el presidente de la referida comisión, Eric van Rongen, un radiobiólogo.

A pesar del “ruido en las redes sociales” sobre la posibilidad de que la red 5G dañe la salud, las compañías móviles estadounidenses no se han visto afectadas, apunta Jack Rowley, investigador de radiación electromagnética en la asociación GSMA, el grupo de cabildeo internacional de la industria de las comunicaciones móviles. Los opositores estadounidenses que intentan bloquear la construcción de torres 5G enfrentan un duro adversario: Ajit Pai, director de la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos.

Pai, para quien la red 5G es una prioridad nacional, ha simplificado los procesos de aprobación de antenas, señalando que es ilegal que los gobiernos locales establezcan una moratoria sobre la infraestructura de telecomunicaciones.

En Europa la historia es diferente. En Bélgica, los gobiernos regionales han establecido estrictos límites a las radiaciones emitidas por las antenas que dificultarán cualquier despliegue de la red 5G por ahora, señala Michael Trabbia, CEO del operador móvil Orange Belgium.

Un estudio de 2018 realizado por el órgano regulador belga concluía que establecer límites en la cantidad de energía que una antena de telecomunicaciones puede usar es necesario para “proteger al público contra los efectos que puedan surgir como consecuencia de la exposición a campos electromagnéticos”.

El mayor operador de Europa, Deutsche Telekom AG, también ha tenido que modificar su programa 5G en áreas donde ha habido rechazo, en enero del 2019 recibió protestas por residentes de Graswang.
Efectos
Con todo, los operadores móviles no podrán silenciar a los oponentes de la 5G en el corto plazo, porque recolectar evidencia indiscutible de los efectos de la tecnología, o la inexistencia de ellos, requeriría décadas de observación en grandes poblaciones. Y la clasificación de la Organización Mundial de la Salud de las radiaciones de teléfonos móviles como “posiblemente cancerígenas” todavía resuena entre algunos críticos, a pesar de que las verduras encurtidas y el aloe vera caen en la misma categoría.